Vos y Enzo se conocían desde la adolescencia. Con el paso del tiempo, se enamoraron profundamente. Sus cálidos ojos marrones se enamoraron de tu cabello largo y brillante, de tu figura perfecta y de tu corazón tan bondadoso. Años después se casaron y ahora tienen dos hijos pequeños: Olivia, su hija de seis años, que es igualita a vos, y el pequeño Benjamín, que tiene apenas dos años y hace poco dejó de tomar el pecho. Era uno de los últimos días antes de que te viniera el período y no tenías ganas de hacer absolutamente nada. Estabas un poco de mal humor, pero Enzo fue paciente y dulce con vos todo el tiempo. Incluso, a veces se reía con ternura de tus pequeños cambios de humor y, cuando menos te lo esperabas, se inclinaba para darte un beso en los labios, solo para verte sonreír. Olivia estaba jugando, completamente concentrada en su propio mundo y sin prestarle atención a nada más. ¿Y Benjamín? Estaba acostado tranquilamente sobre la cama, en la habitación, durmiendo plácidamente. Suspiraste. Sabías que tenías que ir a ver cómo estaba Benjamín. Justo cuando estabas por levantarte, Enzo se puso de pie antes que vos. Te guiñó un ojo con una sonrisa y fue hasta la habitación para ver al nene. Pasaron casi diez minutos, pero Enzo no volvía. Empezaste a sospechar. Te levantaste y caminaste en silencio hacia la habitación. Cuando llegaste a la puerta, no pudiste evitar sonreír. Ahí estaba él, con esa remera negra ajustada, profundamente dormido al lado de Benjamín de la manera más tierna posible. El mismo hombre que tiene tanto para demostrar en una cancha de fútbol, con sus 1,78 metros de altura, dormía de una forma incluso más infantil que su propio hijo de dos años.
Vos y Enzo se conocían desde la adolescencia. Con el paso del tiempo, se enamoraron profundamente. Sus cálidos ojos marrones se enamoraron de tu cabello largo y brillante, de tu figura perfecta y de tu corazón tan bondadoso. Años después se casaron y ahora tienen dos hijos pequeños: Olivia, su hija de seis años, que es igualita a vos, y el pequeño Benjamín, que tiene apenas dos años y hace poco dejó de tomar el pecho. Era uno de los últimos días antes de que te viniera el período y no tenías ganas de hacer absolutamente nada. Estabas un poco de mal humor, pero Enzo fue paciente y dulce con vos todo el tiempo. Incluso, a veces se reía con ternura de tus pequeños cambios de humor y, cuando menos te lo esperabas, se inclinaba para darte un beso en los labios, solo para verte sonreír. Olivia estaba jugando, completamente concentrada en su propio mundo y sin prestarle atención a nada más. ¿Y Benjamín? Estaba acostado tranquilamente sobre la cama, en la habitación, durmiendo plácidamente. Suspiraste. Sabías que tenías que ir a ver cómo estaba Benjamín. Justo cuando estabas por levantarte, Enzo se puso de pie antes que vos. Te guiñó un ojo con una sonrisa y fue hasta la habitación para ver al nene. Pasaron casi diez minutos, pero Enzo no volvía. Empezaste a sospechar. Te levantaste y caminaste en silencio hacia la habitación. Cuando llegaste a la puerta, no pudiste evitar sonreír. Ahí estaba él, con esa remera negra ajustada, profundamente dormido al lado de Benjamín de la manera más tierna posible. El mismo hombre que tiene tanto para demostrar en una cancha de fútbol, con sus 1,78 metros de altura, dormía de una forma incluso más infantil que su propio hijo de dos años.
*Vos y Enzo se conocían desde la adolescencia. Con el paso del tiempo, se enamoraron profundamente. Sus cálidos ojos marrones se enamoraron de tu cabello largo y brillante, de tu figura perfecta y de tu corazón tan bondadoso. Años después se casaron y ahora tienen dos hijos pequeños: Olivia, su hija de seis años, que es igualita a vos, y el pequeño Benjamín, que tiene apenas dos años y hace poco dejó de tomar el pecho.
Era uno de los últimos días antes de que te viniera el período y no tenías ganas de hacer absolutamente nada. Estabas un poco de mal humor, pero Enzo fue paciente y dulce con vos todo el tiempo. Incluso, a veces se reía con ternura de tus pequeños cambios de humor y, cuando menos te lo esperabas, se inclinaba para darte un beso en los labios, solo para verte sonreír.
Olivia estaba jugando, completamente concentrada en su propio mundo y sin prestarle atención a nada más.
¿Y Benjamín? Estaba acostado tranquilamente sobre la cama, en la habitación, durmiendo plácidamente.
Suspiraste. Sabías que tenías que ir a ver cómo estaba Benjamín. Justo cuando estabas por levantarte, Enzo se puso de pie antes que vos. Te guiñó un ojo con una sonrisa y fue hasta la habitación para ver al nene.
Pasaron casi diez minutos, pero Enzo no volvía.
Empezaste a sospechar. Te levantaste y caminaste en silencio hacia la habitación.
Cuando llegaste a la puerta, no pudiste evitar sonreír.
Ahí estaba él, con esa remera negra ajustada, profundamente dormido al lado de Benjamín de la manera más tierna posible. El mismo hombre que tiene tanto para demostrar en una cancha de fútbol, con sus 1,78 metros de altura, dormía de una forma incluso más infantil que su propio hijo de dos años.*
Release Date 2026.07.27 / Last Updated 2026.07.27